La información en televisión
“La televisión tiene tal implantación social que todo cuanto toca, como un nuevo rey Midas, lo convierte en hecho de espectáculo y de atención social”
¿Hasta
qué punto son lícitos todos los tratamientos que se ofrecen hoy día para hacer
más espectacular la información, si de alguna manera estos tratamientos suponen
una distorsión de la realidad? Es esta la gran pregunta que nos plantea Mariano
Cebrián Herreros, en el segundo capítulo de su libro “La información en
televisión”, la cual nos lleva a una seria reflexión sobre el papel que juegan
los medios de comunicación actualmente, en especial la televisión, que se ha
convertido en el medio de masas por excelencia y que tal como lo expresa el
autor, ha pasado de ser un medio a ser un protagonista importante en nuestra
sociedad, además, ya no se limita a ser un mero testigo de los hechos, sino que
participa en el juego del choque de opiniones.
Sin
embargo, es necesario tener en cuenta que la sociedad obtiene la información y
el conocimiento de lo que está pasando, por la mediación televisiva, y resulta
bastante delicado saber que muchas veces esa información que debería ser veraz
y parcial, resulta tergiversada por el efecto de los intereses de poderes que
se esconden detrás de la pantalla.
Poderes como el mercantil o económico y el político, que a menudo resultan actuando en conjunto, buscando informar lo que los favorezca y ocultar lo que no, incorporando publicidad y propaganda incluso a los programas informativos, que por cierto ya no buscan tanto informar como atraer audiencia, trocando los principios de informar, educar y entretener. Así, el éxito lo apreciamos por la cantidad de audiencia acumulada en cada programa, más que por el servicio prestado a la sociedad, enfocándonos sólo en lo interesante en lugar de lo que realmente es importante, y entonces, con el fin de hacer más atractiva la información, incluso si eso supone algún grado de deformación de los contenidos, los medios han comenzado a actuar en detrimento de la sociedad y de los derechos que nos corresponden como audiencia.
Poderes como el mercantil o económico y el político, que a menudo resultan actuando en conjunto, buscando informar lo que los favorezca y ocultar lo que no, incorporando publicidad y propaganda incluso a los programas informativos, que por cierto ya no buscan tanto informar como atraer audiencia, trocando los principios de informar, educar y entretener. Así, el éxito lo apreciamos por la cantidad de audiencia acumulada en cada programa, más que por el servicio prestado a la sociedad, enfocándonos sólo en lo interesante en lugar de lo que realmente es importante, y entonces, con el fin de hacer más atractiva la información, incluso si eso supone algún grado de deformación de los contenidos, los medios han comenzado a actuar en detrimento de la sociedad y de los derechos que nos corresponden como audiencia.
A
esto se suma también el poder mediático, donde la televisión presenta temas y
crea personajes que son objetos de atención por parte de los demás medios, los
cuales se dedican a “clonar” los contenidos, en lugar de arriesgarse a producir
otros diferentes. Todos estos condicionantes son los que hacen factible el
hecho de que la información de alguno u otro modo ha tomado un camino distinto
al de informar con veracidad y parcialidad, y tanto Herreros como muchos otros
autores, hacen un llamado para que a pesar de que las plataformas y el entorno
multimedia se renueven constantemente, la información permanezca independiente
a los intereses que subyacen en ellos.

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